Dan sus primeros pasos en robótica
Chicos construyen y programan robots con piezas de Lego.
Por Rut N. Tellado Domenech
En un salón de la Parroquia San Juan de la Cruz en la urbanización sanjuanera Los Paseos, Sebastián Bramsen, de ocho años, trabaja junto a otros dos niños de su edad en el proyecto que exhibirían más tarde ante sus padres. Con coloridas piezas de Lego, el trío construye una machina de feria a la que llaman “The Flying Bat”.
Montaron hombres y extraterrestres en miniatura dentro de la machina. Dotaron su creación de un pequeño motor de baterías que, con el toque de un botón, la hace dar vueltas. Al principio gira bien, pero luego algunos pedazos se desploman. Los chicos ríen. “Me gusta construir, destruir y reconstruir”, admite Sebastián.
Él y otros 60 niños se desenvolvieron como todos unos ingenieros las dos semanas que duró la primera sesión del campamento Lego Robotics.
Miray Ramy, directora de Eureka Enrichment and Learning Center, indicó que la institución trajo este novel concepto a Puerto Rico debido a la “necesidad que hay de opciones para chicos fuera de los campamentos recreativos. No todos son deportistas o les gusta estar todo el día al aire libre”.
Destacó que por primera vez en los cinco años del campamento, los instructores son estudiantes de ingeniería de Tufts University en Boston, Massachusetts. Durante las cuatro horas diarias que duran los talleres, niños de siete a 14 años aplican conceptos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
“Uno de los primeros ejercicios es construir un puente. Los maestros les ponen pesas para ver si el puente aguanta el peso. Si no aguanta, guían a los niños a descubrir por qué y a cómo resolver el problema”, contó Ramy. “Comienzan a pensar como pequeños ingenieros”.
Así lo demuestran Miranda Bonano, de ocho años, junto a Andrea Fábregas y Cristina Miranda, ambas de nueve años. Entre las tres construyeron un par de molinos por los que debería pasar una pelota de golf. Para que los molinos giren, los conectaron a un motor programable, al que llaman el “cerebro” del robot.
Para programarlo, conectan el “cerebro” a una computadora con el software para principiantes RoboLab Pilot. “En la computadora cambias la velocidad y el tiempo que giran los molinos”, explicó Andrea.
Las tres coinciden en que les ha gustado la experiencia. “He construido con Lego en casa, los he programado y nunca los he destruido”, afirmó con orgullo Miranda.
“Me gusta porque es algo diferente. Usualmente las nenas juegan con muñecas y maquillaje”, dijo Cristina.
Por su parte, Félix Javier Cortés, de 10 años, y Zeus Castillo, de 11, dan los toques finales a mecanismos más elaborados. Zeus trabaja con varios compañeros en un robot de dos ruedas que tiene sensores de sonido y se mueve cada vez que alguien aplaude. Mientras, el equipo de Félix constuye un robot de pelea con sensores que le permiten detectar obstáculos, como una pared, para no chocar.
“A veces da mucho trabajo programarlo y armarlo, pero es bien divertido”, expresó Félix. A Zeus le ha gustado tanto la experiencia que sostiene: “Esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida”.
Para el instructor Jason Clark, estudiante de ingeniería mecánica en Tufts University, “es bueno que los niños tengan desde ahora la oportunidad de exponerse a esto y sepan si les gusta”. Agregó que este tipo de experiencia ayuda a los participantes a desarrollar su pensamiento crítico y su capacidad de resolver problemas de forma creativa.
Sin embargo, a juzgar por la emoción y las sonrisas de los chicos, no hay nada que los haya llenado más de orgullo que mostrar sus creaciones y hacerlas funcionar ante sus padres y familiares.
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